El día después

Ha llegado el final de la desescalada y los augurios y grandes frases que hemos oído hasta aburrirnos: la gran oportunidad, el elemento de cambio, el salir reforzados y renovados, no parecen estar presentes. No nos hemos reprogramado tras el reset prometido. Aparecemos igual en las calles, con los mismos slogans, las mismas maneras, los mismos discursos. Seguimos apegados a nuestras zonas de confort.

Me sorprende que se hable todavía de recortes, cuando en realidad llevamos años presenciando una inexorable marcha de bulldozers de desinversión y abandono arrasando los sistemas públicos, directamente vinculados con derechos sociales básicos. Esa es la realidad que se maquillará más o menos en función de las presiones, pero sin poner en cuestión la esencia y la tendencia de un modelo neoliberal que no suelta la presa.

La maniobra fallida ? , acompañada del ninguneo de la Atención Primaria por parte del Govern, para ofrecer, otra vez, a una corporación privada (Ferrovial) un contrato millonario para el rastreo y prevención de brotes de Covid19, ha sido la apoteosis final después de pactar con hospitales privados precios astronómicos por tratamientos intensivos que no se podían asumir en centros públicos.

Después del drama ocurrido en los lugares, donde en teoría, se tenía que cuidar a los ancianos, vulnerables o no tanto, seguimos reivindicando el mismo modelo de cuidados en formato único y accesible al negocio desaprensivo, pensando que es posible salvar el gallinero advirtiendo al zorro. Todo eso sin preguntarles en ningún momento como deseaban vivir su vejez y desvinculándolos de su entorno y también de su acceso al sistema sanitario y social público. Otro abuso en aras del negocio y de proporcionar un buen bocado a los de siempre que ha privado de dignidad la vida y la muerte de muchas personas.

La desaparición pandémica de la escuela pública ha proyectado un escenario de desigualdad desvergonzado, mientras en las escuelas privadas de élite, que mantenemos con gran generosidad, seguían las clases sin mayor problema porque sus alumnos disponen de tecnología de comunicación avanzada, parte del alumnado de la escuela pública (los más vulnerables) no podía acceder a la continuidad de su aprendizaje.

El drama que han vivido las familias que han tenido que asumir convivencia y cuidados de personas con trastornos mentales de toda índole que han empeorado seriamente con el confinamiento ha sido tremendo. La fragmentación y privatización del cuidado de la salud mental han mostrado también su factura de abandono.

Los relatos anteriores no son novedades si no consecuencias y eso nos tendría que llevar a un espacio de reflexión y reconocimiento de un proceso avanzado de descomposición de un sistema que se ha demostrado fácilmente fagocitable por intereses que están en las antípodas de lo que en teoría deseamos.

Valorar las relaciones de poder es indispensable y si nos empecinamos en reivindicaciones que no nos lleven a establecer argumentos de cambio real, estaremos siempre jugando en un terreno que el sistema neoliberal en que vivimos, controla.

Factores como la participación ciudadana real en las estructuras de servicios públicos de proximidad, la exigencia de transparencia en el seguimiento de todos los dispositivos públicos i aquellos que reciben dinero público, la formación en espacios vecinales sobre los temas q nos preocupan, pueden iniciar un camino hacia cambios más profundos desde dentro donde todos podamos crecer en una forma de situarnos en la realidad y adquirir capacidades para cambiarla.

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